El Taoísmo
El Taoísmo se remonta alrededor de 3000 años antes de nuestra era, y al paso de los siglos fue tomando forma y aparecieron diferentes sistemas, por cuestión de espacio y tiempo solo nos concretaremos a nombrarlos brevemente y nos enfocaremos más al que de alguna manera llama nuestra atención y representa el motivo de nuestra práctica. Cabe mencionar la gran influencia que a través del tiempo el Taoísmo tuvo en el pueblo Chino, sobre todo en el Budismo, que a su llegada a este país se perfiló como la religión de más auge y aceptación.
El Taoísmo Mágico o la Vía del Poder quizá sea el más antiguo sistema del taoísmo y sus seguidores reconocen la presencia de dos fuerzas: las que emanan de la naturaleza y las de las divinidades, aprovechar estas fuerzas es lo que da sentido a este tipo de sistema. Así, sus rituales pueden ser tanto para lograr buenas cosechas y evitar desastres naturales como para defenderse de espíritus malvados y la ayuda de las almas de los muertos.
La Vía de la Visión o el Taoísmo Adivinatorio, este sistema se enfoca a observar los cambios en el Universo, es decir, ver el movimiento del Tao en todos los acontecimientos y valorar su interdependencia e interpretarlos a través de las Artes Adivinatorias.
Por supuesto que existe también el Taoísmo Ceremonial o la Vía Devocional, donde se honran los poderes sagrados a través de ceremonias, de esta manera la humanidad renueva sus lazos con las divinidades para obtener abundantes bendiciones y la protección de los seres superiores.
Y por último se encuentra la Vía de la Transformación o el Taoísmo de la Alquimia Interna, este sistema es el que consideramos adecuado para la época que nos ha tocado vivir, aplicable para el hombre común, el jefe de familia, el que trabaja dentro de la sociedad pero que necesita un método que le permita valorar su vida y lograr dos aspectos fundamentales: Salud y Longevidad.
Habría que observar algunas consideraciones previas antes de entrar de lleno acerca de los Métodos de Transformación de la Alquimia Interna:
Antes de nacer somos una parte del Tao, sin estar sujetos al ciclo de nacimiento y muerte, en este estadío no hay forma, ni mente, ni cuerpo, ni pensamientos o sentimientos, somos uno con el Tao.
Al momento de la concepción, por medio de la unión de las energías de los padres, la energía del Tao entra en el vientre materno para dar inicio a la formación del feto. El feto representa ya una separación del Tao: ha tomado forma, pero no ha tenido aún contacto con el mundo material, su energía pre-natal permanece pura.
Cuando ha alcanzado la madurez suficiente llega el momento de salir del vientre de su madre para convertirse en un Ser independiente. Al nacer, todos los Seres contamos con un precioso regalo del Tao: los Tres Tesoros, conformados por tres energías: el Jing, Esencia / Cuerpo o Energía Generativa, el Chi, la Energía o Fuerza Vital y el Shen, la Energía Espiritual.
Conforme el niño pasa a través del ciclo de crecimiento, juventud y madurez, estas energías se van disipando, la primera a través de la actividad sexual, la segunda se va perdiendo por el desarrollo de las emociones, y el aumento en la actividad mental debilita la tercera.
La práctica de la Alquimia Interna comienza al tomar conciencia de que la pérdida de nuestras energías es la causa de los trastornos físicos, emocionales, mentales y espirituales, y de que a través de una serie de transformaciones internas podemos mantener las energías que conforman los Tres Tesoros para alcanzar el objetivo de buena salud y longevidad, aunque cabe mencionar que el practicante puede aspirar a estadíos de mucho más alcance, como el desarrollo del "Yuan Shen o embrión espiritual", vehículo que le permitirá el viaje de retorno al Origen: fundirse con la energía indiferenciada del Tao, es decir, retornar al que era nuestro hogar antes del nacimiento.
Publicado por: Diego Escaño
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